domingo, 29 de abril de 2007

[Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo]


Aquellas eran otras personas, lo se, era otro el grito que se escuchaba en aquel bar. Mis ojos atenuaron la mirada hacia un punto y luego recorrieron todo el lugar. Mis manos sudaron un segundo, abrí la respiración un poco mas, era esa ansiedad ahogada en el fondo de mi pecho lo que subía confusamente. Intente que aquellas miradas no me torturaran otra vez, lo se, intente eso y alguna cosa mas que ahora no recuerdo. Lo cierto es que intente alejarme infinitamente de allí, no puede, mis pensamientos rodaban como carcajadas dentro de mi cabeza, apenas me pude lamentar cuando el último grito estallo.

No cabía duda, allí mi ansiedad disuelta, era desparramada por todos los rostros; recorriendo las mejillas de las mujeres, deteniéndose en sus labios, pintando sus sonrisas, perpetrándose en sus bocas. Era la misma sensación, un acido reflejo que subía por la garganta, quemando el paladar, ardiendo en mi lengua... No había duda, no, ahora todo estaba claro. Allí mis sueños eran llamadas incesantes, cuerpos en movimiento hacia sombras quietas. Sueños allí; dispersos en labios ajenos, en ojos cercanos, que miran sin mirar, que pasan sin pasar, ojos y sueños y ansiedades lánguidas, todo revuelto dentro de mi ser. Tal fue ese momento, que mis manos tardaron en recuperarse, mis pies tardaron en afirmarse.

Cuando volví en si, mire de nuevo las miradas que se acercaban temblorosas e inquietantes, me atropelle a mi mismo en un gesto inútil. Abrí bien los ojos y el bar lleno de ruido estallaba en silencios pasivos, esquivos, agonizantes, dentro de ese reducto de sueños, en esa cortina de humo espeso… No cabía duda, allí una ansiedad en un sueño perdida daba su ultimo grito, aullaba en la noche repleta de susurros, de voces indecibles, diciendo en el olvido. Allí mi mirada se escapo de nuevo, siguiendo el infinito camino del último grito, que retumbo en mis oídos, dejando en su mismo eco, diferentes sonidos… El último grito se deshizo incrédulo, sobre la noche mustia…

viernes, 20 de abril de 2007

, destino y cuerpo,


Eras transparente repugnancia, como sol pisado en un atardecer libérrimo. Eras esa respiración que se rinde lenta ante los besos, de una carne deshecha, consumida en las cosas que nunca se acarician. Eras carne, detenida apenas, rompiendo las palabras sobre el aire pesado…dulcemente pesado.
Tu sangre, limbo de otros polvos, de otras muertes, aguarda tiernamente ser devorad. Mira su inmensa sombra desquiciada, desnutrida, llena de sofisma, mira todo a su alrededor…
Las luces se extinguen en la blancura de tus labios que sonríen y son brillantes signos del amor, bordes que ignoran la forma de tu cuerpo, nombres que a cada instante nacen en tu cuerpo.
No quiero, no renuncio, a la orilla de tu lengua echada sobre mi pecho. No quiero ese dolor mordido por tu boca insegura, no puedo tragar esas voces, que inefables suben por tu cabello encendido. No quiero destino y cuerpo, mundo y signo, que no puedo comprender. No renuncio a escucharte en el río inocente de tus palabras, no renuncio y eso es todo; no quiero, y eso me basta. Después vendrán rumores como círculos, alas como agua, peces como ojos girando ciegos en la nada. Después seremos huéspedes de nuestra propia caída, afilando las uñas, para inmolarnos con nuestra propia pólvora. Y desterrados, con las sonrisas aceradas, con los pies pegados como imanes a la tierra, nos quedaremos vueltos a la misma espera. Esta que divide tu mundo del mío, y se repite dando falsas treguas y se llena de miedo, dando silbidos en el silencio estepario.

domingo, 15 de abril de 2007

Armando sueños en soledades dormidas

Ganarle el apetito a la muerte, y entrar en crimen

Con el fusil cayendo

Armarse de sueños

Perseguir, encarcelar, fustigar a los deseos

Y ser frontera de noche pesada

Aliento de carne derramada,

Voz ronca, a espaldas de soledades sordas de ojos apretados

De látigos en tierra de lenguas lamiendo dedos lavados

Corazones agrietados

Contra mi el insulto la jauría innumerable

Lanzándose a mi canto de nombre borrado

Arrojándome a otra miseria a otra huesuda noche negra

Duerme ahora la soledad de ojos muertos

El llanto perdido de prostituta dulce desquiciada

El paraíso agrio y un clamor de sombras

Torciendo lágrimas huellas de sangre

Un olor nauseabundo demoliendo lunas calladas un olor

A dolor sin sol a escama de silencio pútrido

Un dolor arrancado de la llaga un martirio un dolor

Un légamo donde mis pies van encadenados

Y como pequeños seres inmóviles nos defendemos

De la agonía, de la victoria, del vendaval furioso

De este nacimiento de ceniza… de esta luz que nos determina

Y da su sombra y su castigo

De todo nos hacemos para herirnos y apoderarnos, para escondernos

Y la rosa va sudando su rocío en cada pétalo

Va desnudando su desnudo sabor en la noche

Y empapadas manos reviven mordiendo fuego

Corren, en la piel llena de escalofríos

Cruzan caminos, nieve, agua, tierra

Se precipitan, me enceguecen me buscan

Y pasan una y otra vez sobre mí, a mi lado

Como un puñado de sueños al borde de una luz quemada

viernes, 6 de abril de 2007

Clínica cotidiana