viernes, 26 de octubre de 2007

pastillas en la cama

Me preguntas por qué, como siempre, te respondo que sí, sin oír lo que decís; y voy metiendo la mano por debajo de la sabana, un calor ácido impregna la piel de mi mano, los bellos se erizan levemente, me decís de nuevo que no, que ahora no, sigo rozando tu piel por debajo del vientre, voy tocando tus piernas frías, que ya se van trenzando nerviosas y tristes, se regocijan tus píes, tendrán temperatura otra vez; me decís que si, ahora que sí, un poco, basta, esta bien; abro la sabana y meto la otra mano, no, así no, como una adolescente dando lección frente a un curso entero, me enseñas lo que no sé; o tendrías que saber, la obviedad, eso que está ahí; si lo se, pero no me importa y me pierdo en tu piel tersa, de afuera me llega una brisa helada, tus manos intentan meterse en esa cueva de sabanas y frazadas, de pronto encuentran algo, sí, eso, pero así no, sí, igual dejo que te pierdas, sí, ahí; me decís que no de nuevo, ahora no, escucho tu voz, es efímera, lejana, casi glacial, en esa distancia que nos separa tan cerca; de pronto me encuentro donde estoy, ahí, sí, de nuevo ahí; me decís que no, que hoy no; el tiempo avanza, las pieles exhalan un suave y fino sudor, se van raspando, pero nada importa, estoy ahí, vuelvo a salir, mis labios se pegotean en contacto con el aire frío, te miro en la oscuridad, te encuentro en un beso salado y seco, muerdo tus dientes, me quedo con tu saliva movediza, paso mi mano por tu cuello y te agarro de la nuca, busco tu boca de nuevo, otra vez, sí, te cierro los labios que rozan la intemperie de mi boca; como alas en pleno vuelo los sentidos se perforan insaciables, me artículo con tu cuerpo, de alguna forma, como puedo, trato de rearmarme y presiono mi pecho contra las ranuras de tu pecho, vuelvo y beso tus pezones, como nudillos salientes en el centro de tus tetas desamparadas, ahí, una contra otra, contra mi cuerpo hendido y desgarrado, así tirantes los cuerpos apoyados sobre si; así, no, para, no, hoy no puedo, me decís, y corrés tu boca de la mía, un hilo de voz se cuela por el quebradizo silencio de la habitación; no, hoy no puedo, no tomé las pastillas…


domingo, 21 de octubre de 2007

Onírico

Vaciar esta cocina de sartenes
De pie a la cortina de la luz
Abrir el silencio por un costado
Y sentirte ardiendo, ardiente…
Y todo vuelve como una flema de sueños, un ratito a este lado, otro ratito a otro lado
Así andar, bajar, subir en la sonrisa diaria de tus frituras
Corazón ven a mí…
Cuidador de la tumba
El pájaro se ha ido a volar.

viernes, 12 de octubre de 2007

Desechos

Dos bocas sin piel besándose

Dos lenguas sin sed

Una sola sombra

Dispuesta a morder la luz de tus ojos

A incendiar el murmullo de tus manos

De tus pies

Ahora junto a los míos

sábado, 6 de octubre de 2007

Capítulo 13


Sus senos también eran parte de la desesperación, sus pezones hirientes, ahora, cuneos y derretidos…

Capítulo 23 (Anexo)

Decepcionado. Lamí su clítoris, (por no decirlo con otras palabras), un ácido fuego condenso en mi lengua,,,, papilas degustando, manos alzando, corazones latiendo…

Decepcionado, ahora entre ríos de sudor benigno, primera dosis de líquido, primer sabor del sexo, ahora callado, durmiendo en el rincón de una habitación;; que ya es sol entrante por la ventana, lluvia de luz continua, dolor de la piel, olor de cuerpo enfermo. Punto… sigo esperando aquí. Punto.

Capítulo I

RÍOS AL COSTADO DEL CAMINO

Era más que una desesperación su cuerpo derretido por el sol (Punto)

Anexo diurno

estaban sentados a la mesa, uno frente al otro, los dos se miraban distraídamente; ella con una agresividad lasciva golpeaba imaginariamente sus labios contra los labios de él, todo reía en un frenesí de cócteles y galantería risueña,

La mirada de él de pronto volcó su pócima sobre el mantel.
Ella quitó sus manos llenas de nada,
Y las guardó debajo de la mesa.
Ahora piensan lentamente, el ruido de sus cuerpos bailotea tristemente en el agujero infinito de sus mentes.

(Fin del capítulo) Anexo cero