domingo, 15 de abril de 2007

Armando sueños en soledades dormidas

Ganarle el apetito a la muerte, y entrar en crimen

Con el fusil cayendo

Armarse de sueños

Perseguir, encarcelar, fustigar a los deseos

Y ser frontera de noche pesada

Aliento de carne derramada,

Voz ronca, a espaldas de soledades sordas de ojos apretados

De látigos en tierra de lenguas lamiendo dedos lavados

Corazones agrietados

Contra mi el insulto la jauría innumerable

Lanzándose a mi canto de nombre borrado

Arrojándome a otra miseria a otra huesuda noche negra

Duerme ahora la soledad de ojos muertos

El llanto perdido de prostituta dulce desquiciada

El paraíso agrio y un clamor de sombras

Torciendo lágrimas huellas de sangre

Un olor nauseabundo demoliendo lunas calladas un olor

A dolor sin sol a escama de silencio pútrido

Un dolor arrancado de la llaga un martirio un dolor

Un légamo donde mis pies van encadenados

Y como pequeños seres inmóviles nos defendemos

De la agonía, de la victoria, del vendaval furioso

De este nacimiento de ceniza… de esta luz que nos determina

Y da su sombra y su castigo

De todo nos hacemos para herirnos y apoderarnos, para escondernos

Y la rosa va sudando su rocío en cada pétalo

Va desnudando su desnudo sabor en la noche

Y empapadas manos reviven mordiendo fuego

Corren, en la piel llena de escalofríos

Cruzan caminos, nieve, agua, tierra

Se precipitan, me enceguecen me buscan

Y pasan una y otra vez sobre mí, a mi lado

Como un puñado de sueños al borde de una luz quemada