[Estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo]
No cabía duda, allí mi ansiedad disuelta, era desparramada por todos los rostros; recorriendo las mejillas de las mujeres, deteniéndose en sus labios, pintando sus sonrisas, perpetrándose en sus bocas. Era la misma sensación, un acido reflejo que subía por la garganta, quemando el paladar, ardiendo en mi lengua... No había duda, no, ahora todo estaba claro. Allí mis sueños eran llamadas incesantes, cuerpos en movimiento hacia sombras quietas. Sueños allí; dispersos en labios ajenos, en ojos cercanos, que miran sin mirar, que pasan sin pasar, ojos y sueños y ansiedades lánguidas, todo revuelto dentro de mi ser. Tal fue ese momento, que mis manos tardaron en recuperarse, mis pies tardaron en afirmarse.
Cuando volví en si, mire de nuevo las miradas que se acercaban temblorosas e inquietantes, me atropelle a mi mismo en un gesto inútil. Abrí bien los ojos y el bar lleno de ruido estallaba en silencios pasivos, esquivos, agonizantes, dentro de ese reducto de sueños, en esa cortina de humo espeso… No cabía duda, allí una ansiedad en un sueño perdida daba su ultimo grito, aullaba en la noche repleta de susurros, de voces indecibles, diciendo en el olvido. Allí mi mirada se escapo de nuevo, siguiendo el infinito camino del último grito, que retumbo en mis oídos, dejando en su mismo eco, diferentes sonidos… El último grito se deshizo incrédulo, sobre la noche mustia…

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