pastillas en la cama
Me preguntas por qué, como siempre, te respondo que sí, sin oír lo que decís; y voy metiendo la mano por debajo de la sabana, un calor ácido impregna la piel de mi mano, los bellos se erizan levemente, me decís de nuevo que no, que ahora no, sigo rozando tu piel por debajo del vientre, voy tocando tus piernas frías, que ya se van trenzando nerviosas y tristes, se regocijan tus píes, tendrán temperatura otra vez; me decís que si, ahora que sí, un poco, basta, esta bien; abro la sabana y meto la otra mano, no, así no, como una adolescente dando lección frente a un curso entero, me enseñas lo que no sé; o tendrías que saber, la obviedad, eso que está ahí; si lo se, pero no me importa y me pierdo en tu piel tersa, de afuera me llega una brisa helada, tus manos intentan meterse en esa cueva de sabanas y frazadas, de pronto encuentran algo, sí, eso, pero así no, sí, igual dejo que te pierdas, sí, ahí; me decís que no de nuevo, ahora no, escucho tu voz, es efímera, lejana, casi glacial, en esa distancia que nos separa tan cerca; de pronto me encuentro donde estoy, ahí, sí, de nuevo ahí; me decís que no, que hoy no; el tiempo avanza, las pieles exhalan un suave y fino sudor, se van raspando, pero nada importa, estoy ahí, vuelvo a salir, mis labios se pegotean en contacto con el aire frío, te miro en la oscuridad, te encuentro en un beso salado y seco, muerdo tus dientes, me quedo con tu saliva movediza, paso mi mano por tu cuello y te agarro de la nuca, busco tu boca de nuevo, otra vez, sí, te cierro los labios que rozan la intemperie de mi boca; como alas en pleno vuelo los sentidos se perforan insaciables, me artículo con tu cuerpo, de alguna forma, como puedo, trato de rearmarme y presiono mi pecho contra las ranuras de tu pecho, vuelvo y beso tus pezones, como nudillos salientes en el centro de tus tetas desamparadas, ahí, una contra otra, contra mi cuerpo hendido y desgarrado, así tirantes los cuerpos apoyados sobre si; así, no, para, no, hoy no puedo, me decís, y corrés tu boca de la mía, un hilo de voz se cuela por el quebradizo silencio de la habitación; no, hoy no puedo, no tomé las pastillas…

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