Uno ambiciona demasiado, lo sé, otros desean la guerra o la paz, yo sólo deseo la rutina de tus pechos en mi boca, el color de tus pezones ardiendo en mi lengua. Pero claro, estas tan lejana, que soñarte en algún baño de alguna habitación desordenada, es complacerme a mí mismo, concretar un abismo triste y deteriorado. Sin embargo sigo imaginándome estar contigo en el asiento trasero de algún auto, dejando en tu cuerpo mi aroma impregnado; imagino nuestros cuerpos afeitándose en un ritmo desparejo y sutil, sincrónico a un tiempo extravagante y feroz, aunque se que no va a ser posible y ni mi ideal puede consolarte la fiebre del sexo, porque la inexperiencia va revelando formas en los espejos de la conciencia y nos molesta darnos cuenta quienes somos, las limitaciones que tenemos, las tristezas que acumulamos.

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