viernes, 4 de mayo de 2007

AguAstibias deL ProGresO

Lagrimas que trajo el progreso. Apariencias de consumo masivo. Lagrimas que se van derramando por las escaleras que conducen al subte, por las frías sabanas de una cama de pensión. Y todo para que, para que una luz nos calcine dentro de una oficina, hasta que salimos y vemos las pequeñas estrellas que a lo lejos se van prendiendo como diminutas brasas radiantes. Todo para que el progreso donde hemos ganado tiempo nos convierta en raíces, que se estiran por la ciudad y van de aquí para allá, de colectivos llenos, con vahos impenetrables, a subterráneos repletos que huelen a basural en pleno tratamiento. Todo por el progreso, ese mismo que respiramos todos los días y parece calcularnos a cada paso, cada vez mas.

Viaje exótico, hacia la nada de todos los días, viaje a medida para cada uno, viaje automático que se realiza todos los días; viaje a trabajar, a despertar, a dolernos, a sentir, a vivir, a criar hijos y nervios, fantasmas y mujeres, silencios y ruidos deteriorados en cada esquina, gritos y llantos, departamentos y zapatos de cuero argentino, aires de nunca jamás y salidas por las noches. Viaje exótico, perfecto, enfundado junto con el arma del oficial que cuida un banco. Viaje de progreso y telarañas pesadas, cargándonos todo el tiempo, a toda hora, a cada minuto. Progreso del trabajo, progreso artificial de la luz y el sofisma, de las mentiras y las ratas, de las calles y bares, progreso en fin… maravilloso…ojala podamos renovar el coche el año que viene… ojala podamos cambiar alguna de las leyes, de este triste presente, de este triste progreso, que parece sumergido en un acuario, nadando con peces de colores y espejos carcomidos por la sal.

Progreso automático, de viajes y días, en fin, progreso. Al final sirvió para salir y consolarse con el mismísimo sol de todos los putos días; maniobrando para no llevarse la gente por delante, para alentarse no se de que pobre esperanza, que duerme tranquila sobre el rostro de algún niño, que descansa sentada en el banco de alguna plaza. Infinito progreso en el que nos metemos todos los días, para salir, respirados, dormidos, consumidos, prensados como si el aire nos fuera achicando y en ese devenir cotidiano nos mojamos leyendo las noticias, nos abrimos la piel, nos rascamos el cerebro, para ver bien, para ver mejor… y en la esquina la sombra negada de una guillotina nos espera… nos esperara siempre… cada día… cada noche…

Extracto Imaginario de las

Nuevas Aguafuertes de Roberto Arlt