sábado, 3 de febrero de 2007

Estación Trelew


La muerte blandiendo sus rostros, lagrimas de fuego

Ráfagas de ametralladoras iluminando el penal…

La pistola entre los dientes, la sangre chorreando por los labios mustios. Todos los espacios y todas sus formas, se hacen silencio, oscuro resplandor, piel que palpita al ritmo del corazón alterado, inútil y nervioso.

Los pasos y las sombras se van apurando en los pasillos, la rendición esta quieta, confusa, a punto de estallar en el más trágico final. Todo el anochecer cambia de luces y las gargantas van apretando sus manos, haciendo en el eco, el ruido de la nada, de la nada que se avecina inminente, fugaz, estrepitosa, contundente. Alrededor de todo, alrededor de los presos se relamen los fusiles, la negra hendidura del cañón va tatuando penumbras en todos los calabozos.

A punto de manchar la oscuridad, el fuego tiende sus alas, se repliega por un instante, que quizás sea eterno en esas almas que están allí mirando, que allí sacuden sus brazos como el último signo de vida, como el último suspiro que darán. Entonces todo se inunda de rojo y se destruyen los fondos. Las miradas perdidas buscan golpear aquellos labios queridos, recordar esas bocas queridas, amadas en algún amanecer sin tiempo.

El cielo se va durmiendo/sacrificio/ atroz descanso de almas que perdieron en la batalla contra la libertad, contra El Vértigo De La libertad y sus rehenes. Y los otros tantos miles que crecen en la crueldad, son también su reflejo y su sombra. Son esas miradas que se van perdiendo en las líneas de sus ojos, marchitos, grises, llenos de frío/tensos/.

Así quedan sin libertad, cuerpos moribundos, espacios donde se ha festejado la bestialidad del hombre, la llama de la antorcha más cruel, la antorcha que en nuestros horizontes se acaricia con los sueños. Todo va marchando por los caminos lentos de la historia, tus piernas y mis manos deshechas, en el hueco donde Dios se embriago del mundo y llenó la noche de dolor. Desmesurado dolor, que se pliega en la frágil esperanza de una pasión, de un pueblo que soñó alguna vez. Pero la noche se cierra otra vez, la borrasca enloquece en las caras diseminadas por todo el piso, un imprevisto silencio va rápidamente devorando todo, riendas sueltas, perdidas lluvias que se van derritiendo en las bocas, brazos de la nada que llegan para consolar en ese abismo……………………………………. Y después otras miradas que reconocen los cuerpos, las sombras que se van replegando en las paredes sucias………….y después la otra historia, que lleva consigo la misma brutalidad.

Aquí se detiene el tren de la muerte/estación Trelew/ 22 de agosto de 1972/