domingo, 3 de diciembre de 2006

La noche de los amantes

Estas famas no ayudan a la esperanza, están aquí para beber y volcarse como vasos de ron en gargantas inmensas; están aquí, corriendo a prisa del tiempo, deambulando en la oscuridad de la noche, que se pierde en sus manos limpias. Ahora limpias y secas, mojadas y perfumadas por el aroma del sexo, por ese rastro que la sombra guarda indiferente, perspicaz, atolondrado, maniático. Para ser entonces dos luces que se cruzan en el instante de la nada, en la melodía del silencio distante, inquieto, incapaz de vestir sus cuerpos y dejarlos ir.
Así los amantes a la deriva de la noche, que los encuentra ardiendo en las cenizas, besando los engranajes del amor, espejos como almohadas reflejando la cara, en sus muecas el reflujo de sus miradas. Sus ojos interrogándose a si mismos, abriendo puertas en la eternidad del deseo, del deseo que vuelve para ganar la desesperación, y es la caricia que roza los pezones, la piel que se desvela en el sueño.
La soledad pasando por la leve intemperie de tus manos, que se arrastran sobre mis mejillas, escamoteando a la medianoche, yendo y viniendo con sus dedos filosos, que ahora me ven buscar tus dientes, buscarlos en tu sonrisa, encontrarlos y besarlos, tocarlos y volver a rozarlos, solo con la punta de los dedos.
Las famas amantes, están allí. Y el olor de sus cuerpos se confunde entre las sabanas, sus cabelleras como terrones de azúcar van disolviéndose, van acortándose en el fondo de la cama, sus latidos en un grito entregan su libertad, mas allá de sus abismos, un balcón ilumina la fuga, ese permanecer siempre en lo inmóvil, para penetrar sus blandos corazones…………………….parpados cerrados, ojos como huecos en las nubes de una habitación, son los amantes……………sombras como tijeras cortando la brisa. Ciegos, efímeros, verdugos de su propio resplandor, cazadores de su misma conciencia, intrépidos, salvando sus costillas de la muerte natural; maniatados a su vanidad que nace y muere a cada instante, que se desvanece a cada instante, que firma en su agonía la costumbre. Así todo amor es muerte, palabra sin voz, sueño que resbala en el olvido, esperma del día que va creciendo en la ventana.