la caída de la tarde
Pero si al menos pudiéramos entender; tú mirándome, tus caricias allá lejos, la falsa techumbre de un cielo que no cubre, la idolatría de dios en vano, estos santos evangelistas del evangelio virgen, y la puta costumbre de acostumbrarnos, y desecharnos, y venirnos, y dejarnos, a un lado en el camino, a un costado en la ruta;
Y el paraíso siempre acostado sobre mi cama, traficando miradas como soles en la lluvia, y todo peor que antes pero más detenido,
… así pasábamos la tarde quieta, la autopista de tus pezones, cerrada, la manufactura de tus besos en colapso inmediato; todos esos goteros de agua arrastrándose por la ventana, a roja sangre, a cerillas apagadas,
Tu perfume como siempre intacto, besas mi cabeza, deslizas por mis cabellos,
así pasábamos la tarde,
Pero si hubiera otra salida,
un silencio relampagueaba, allá en el fondo, entre las luces,
la arquitectura de tu fertilidad, toda deshecha, ahí, manchando la sabana
la gasolina de tus sueños desparramándose en el reflejo de la televisión
aullantes vidas muertas
así pasábamos la tarde…

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