viernes, 7 de septiembre de 2007

Lejos en el suelo

Que lejos llegó el hombre con sus ríos de palabras gastadas, con sus llantos de agua seca; y sin embargo que cerca se pierde en este suelo sin tierra, en este sueño legado a las pesadillas de la muerte,
que cerca se pierde en este olvido escondido en otros olvidos, en este suelto tapado que aún no cubre la desnudez de su alma, que lejos y que cerca el hombre a llegado.
Que ríos y que mares el hombre ha gastado.
Pues ahora le quedan sólo unas palabras mojadas.

***
Son las ocho y la misa comienza con tranquilidad, todos esperan al viejo bardo que venga a irrumpir en su conciencia, en el río de sus sueños; ahora cruzan pesadillas, ahora ya ven la luz vislumbrar la orilla, se sienten esperanzados, aunque el río no tenga agua, ni el suelo tierra.
El hierro de sus soledades pende de las alturas sagradas del fuego, la moneda pasa de mano en mano, y el horizonte se ve poco claro,
El humo ahora espeso avanza, la ciudad teme por siete locos armados de gas fosgeno: siete pies, catorce pisadas, siete corazones, catorce sueños…
Van ahora hacia la muerte, la gente grita, la calle apenas mueve el aire,
Los restos van llegando,
El río va creciendo,
Los muertos van volviendo
Y toda la ciudad va temiendo.

Siete locos adornan sus sombras, con sombras del pasado.
Siete locos van a cambiar el mundo.
Revolución, es la palabra, libertad es la sombra.

Apenas soledad queda en las calles